Centro de Interpretación de la Batalla de Los Arapiles .
Pequeño gran museo que explica motivos, desarrollo y consecuencias de la batalla de Arapiles.
Merece la pena la visita para comprender una parte de la historia que fue decisiva en la Guerra de La Independencia española.
La Batalla de Los Arapiles
En el año 1807, Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, en la cúspide de su poder tras haber vencido a austriacos, rusos y prusianos, decidió que había llegado el momento de acabar con su más pertinaz enemigo, Gran Bretaña. Pero, por muy grande que fuera la voluntad de Napoleón, la invasión de las Islas Británicas se había convertido en una misión imposible tras la pérdida de la flota francesa en Trafalgar apenas dos años antes. Por lo tanto, esta vez tendría que optar por otro tipo de guerra: un embargo comercial a los británicos. Portugal, fiel aliado de estos últimos, se negó a seguir los dictados del emperador. Viéndose contrariado, Bonaparte se aprestó a eliminar este inconveniente con su inconfundible estilo: Francia declaró la guerra a los portugueses. España, por entonces aliada de Francia, permitió el paso del ejército imperial y se unió a la fiesta de la desmembración del país vecino. Unos meses después, con Portugal ya en su poder, Napoleón decidió que ya no le convenía que los Borbones siguieran reinando en España. Tras forzar a Carlos IV y a su heredero Fernando a cederle sus derechos dinásticos, Napoleón colocó la corona de España y de las Indias sobre la testa de su hermano José. Esta sucia jugada del corso provocaría los trágicos acontecimientos del 2 de mayo de 1808 y desencadenaría el conflicto conocido como Guerra de la Independencia, una conflagración que los británicos bautizarían como Guerra Peninsular, ya que un ejército expedicionario de esta nacionalidad desembarcó en Portugal para apoyar el levantamiento español y portugués contra Napoleón. De esta forma, la provincia de Salamanca sufriría durante casi seis años el constante trasiego de ejércitos franceses empeñados en una nueva invasión del reino luso. Por otro lado, un ejército aliado de británicos y portugueses intentaría penetrar en España por la comarca de Ciudad Rodrigo para unirse a los restos de los ejércitos españoles que todavía seguían siendo leales a los Borbones. El objetivo de esta alianza era echar a los franceses al otro lado de los Pirineos, algo que no sucedería hasta 1813.
El 22 de julio de 1812 se libraría al sur de Salamanca una de las batallas más decisivas de esa guerra. Por un lado un ejército aliado de británicos, portugueses, alemanes y españoles al mando de Lord Wellington; en total unos 50.000 hombres integrados en ocho divisiones de infantería, seis brigadas de caballería –una de ellas la del famoso brigadier Julián Sánchez «El Charro»– y con una potencia de fuego de sesenta y dos cañones. Enfrente se encontraba un ejército francés comandado por el mariscal Auguste Marmont, que disponía de unos 47.000 hombres, repartidos en ocho divisiones de infantería y dos de caballería, y el inestimable apoyo de setenta y ocho piezas artilleras. La batalla de los Arapiles fue la mayor derrota sufrida por un ejército francés desde 1799. Los galos sufrieron unas 12.500 bajas, incluyendo muertos, heridos y prisioneros; los aliados unas 5.200.
La derrota en los Arapiles tuvo desastrosas consecuencias para la estrategia de Napoleón en la Península Ibérica: los franceses se vieron privados de las bases y los arsenales que necesitaban para llevar a cabo una nueva invasión de Portugal, el rey José tuvo que abandonar Madrid –hacia donde avanzaba el victorioso ejército de Wellington– y no hubo más remedio que evacuar Andalucía y levantar el sitio de Cádiz, donde se refugiaba el gobierno legítimo de España.
El encargado de llevarle las malas noticias al emperador fue el capitán Fabvier, que cabalgó durante treinta y dos días hasta alcanzar el cuartel general imperial, en ese momento en tierras rusas. Napoleón no prestó demasiada atención a lo ocurrido en Salamanca, estaba más preocupado por hacer una entrada triunfal en Moscú. Más tarde se daría cuenta de su error, puesto que, en cierto modo, la batalla de Los Arapiles había significado el principio del fin de su Imperio.
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Arapiles
Salamanca
37796
España
